Fernando Lorente escribe como necesidad extrema, para contarlo y contarse, para aplacarse, para agradecer y denostar, para reivindicar la palabra como la herramienta que más nos acerca a la idea de dios y de nosotros mismos. Intenta por todos los medios ser fiel a sí mismo. Si algún día llega a la conclusión de que es imposible se dedicará a otra cosa. Mientras tanto escribe.
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